Tomar un lápiz y volver a escribir no es nada de fácil, muchas veces se divaga en la posibilidad de retomar esta relación de amor y odio que se tiene con la escritura, y claro, es fácil preguntarse que tanto odio se puede sentir hacia algo tan banal como el escribir, pues muchas veces este odio es el reflejo de algo que esta en nosotros y que sin saberlo subyaga nuestro vivir, pero tal vez es mas simple que lo manifieste aquí, una vez más. escrito.
La escritura no es sino, el bagaje emocional por donde emana el yo interno, condicionado y arrepentido de las ideas jamás verbalizadas, atrapando todas las vivencias inconclusas, en conclusiones sin vida. Es en este punto donde nace mi odio con mi fiel compañera, porque claro, ella es la que acoge todo lo que el mundo no escucho de mi boca, pero ¿Que hace esta por darme una respuesta? ¿Acaso ella devuelve el tiempo atrás, recuperando la vivencia inconclusa y dándole una reivindicación? ¿O acaso hace algo más que simplemente albergar una narración carente de sangre que la mueva?
No, nada se logra con el pasado, ni recordar y mucho menos escribir, entonces comprendo el odio que siento, el dolor y la rabia por el silencio sacramental de esta confidente muda que es la escritura. Pero al final, solo pienso en posibilidades, presentado a las palabras realidades inexistentes que ellas logran comprender, confortar, pero por sobre todo contener, demostrándome con su silencio que aquello que no forma parte de mis experiencias, por algo no llego a mis recuerdos.
Entonces, todo se vuelve más claro, no vuelvo a escribir por que quiera, vuelvo a escribir, por que lo necesito.